¿Qué pasaría si me acerco y despacito te susurro una tímida invitación?
No alcanza, pibe, con amar, aún cuando pugne la voz contra tu boca, porque la voz, pasa.
La miraba, mientras sus asombrados ojos viajaban al encuentro con los suyos, y sentía su perfume que parecía venir de siglos atrás, que descansaba dulcemente en el aire, hipnotizandolo dondequiera que aparezca, con su pelo casi negro.
Una bocanada del dulce perfume,
y ya nada fue lo mismo
una caricia justa
donde dos corazones se cruzaron
donde sí crearon un templo de Apolo
martes, 3 de abril de 2012
sábado, 25 de febrero de 2012
Otra pizca de vacío
Te tomo por el pelo, suavemente, entre el pasto y el éter que nos separa. Sería un excelente cable a tierra un beso y un te quiero, para luego volver y elevarnos con rizas de sangre dulce y pancitas tibias, pero es mejor no mirarnos, no. Es mejor aumentar la presión dentro de nosotros, sentir el frío erizando la piel, el retorcer del estomago, percatarse de que las puntas de los dedos pueden explotar ante el mínimo contacto y los ojos desorbitarse en el momento en que me vuelva para ver tu boca, o chocar con los tuyos, profundos, llenos de enigmas que jamás se explican hasta que se lame el misterio y se lo envuelve en los brazos, apretándolo fuerte contra el pecho, sujetando y elevando hasta besar y apoyar todo un lado de la cara en la suave pancita que está tibia por el vino y reír por las cosquillas o por la felicidad, con la sangre ligera, caliente y dulce, pero es mejor no delatarnos, y es mejor seguir hasta reventar, aumentando la presión y convirtiéndonos en frágiles aerostatos inmortales, sin entender si el corazón se detuvo o solamente fue el tiempo que nos regala otro instante sin fin, que queda siempre en la memoria, tan efímero y difícil de mantener, flotando sobre una alfombra de pasto y sin cielo, sin límite, tomándote por el pelo, suavemente.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Es gracioso y lindo para mí, aunque algunas veces te resulte confuso, esas veces que después de un beso o una caricia o cualquier contacto físico o de simples palabras yo te mire, te mire y me ría un poco. Resulta interesante que en un mundo con tanta mentira y tanto dolor se me ocurra a mi enamorarme, y hacerlo todos los días, cada uno de ellos, y verte y quedarme atónito, resignificando sentimientos, ideas, y hasta la vida en sí. Y los dos sabemos las vueltas que pega la vida y pudimos construir precarias armas para defendernos de las catástrofes que nos azotaron, y tuvimos la hermosa fortuna de encontrarnos y coincidir en un sentimiento que nos abarca en cuerpo y alma, e incluso supera ciertas barreras, que se agranda y olvida los viejos limites a cada paso y hace creer que otros no van a existir. Entonces cada día que pasa, el reloj sigue y no se detiene, ellos se vuelven los únicos enemigos, los que nos roban la eternidad, el congelar para siempre el tiempo y verte sentada, acostada, parada o cual fuera tu posición, pero siempre vos, siempre hermosa y siempre autentica, única. Pero es feliz que dentro de este cáos nuestros instintos puedan dirigirse en una misma dirección. Sucede que cada cosa tuya me sorprende, y me llega al corazón, y fantaseo, y sueño, imagino escenas idílicas, siempre en tu compañía, intento plasmar algunas escribiendo, pero no doy abasto, cuando te cuento sobre el amor, sobre la comida, sobre sexo, sobre felicidad, sobre ballenas o paseos en bicicletas, sobre tu sonrisa o tu mordisqueo, que son mis salvavidas en una ciudad destruida y sin amor. Es gracioso y lindo tenerte y besarte, sumergido en la escritura sin saber cual es mi tiempo y espacio, cual mi realidad, si tengo realidad.
Pero esas preguntas se vuelven vacías, porque yo te tengo siempre, y soy eternamente tuyo.
24/11
Pero esas preguntas se vuelven vacías, porque yo te tengo siempre, y soy eternamente tuyo.
24/11
martes, 4 de octubre de 2011
El hecho es que me encontraba perdido. El indefinible momento de sueño o lucidez, aunque siempre tan efímero. Repentino grito de alerta y la improvisada puesta en escena, falsa y confusa, y te confundo con mi camisa colgada. Me tumbo y se enciende la oscuridad, otra vez al pasto con vos y un sol de papel que no calienta, solo ilumina de blanco azulado, en ese mar de gente, todo con su textura de frazada de lana, sabana sucia y transpirada. Era gracioso verte, porque este mundo se manda con lo meramente autentico y genuino, no existen los dobles sentidos ni las barreras de la neurosis y entonces por diez minutos nadie me manda a hacer nada, aunque la apreciación más correcta sería que nadie me manda a no hacer las cosas, y acelero en una cuesta abajo tomandote con ambas manos, si acá no importa que no tome el manubrio, acá donde nadie intenta hacernos daño, mientras cortamos el viento como una lanza, y nos emocionamos casi hasta las lágrimas en otro beso de Parque Patricios, pero sin embargo eso no importa, porque lo más importante y hermoso es que no podes siquiera intentar boicotearme, porque en la lucidez de todos los días vos te volviste una experta en la destrucción y en ser la misma infeliz creando ficción para esquivar con una tramposa finta la vida, pero en los mundos paralelos, que algunas veces resultan ser bastante más cuerdos, nadie puede creer semejante atrocidad, y todos ríen a carcajadas con tu, aunque planificada, hipócrita verborragia. Entonces me abrazas bien fuerte, y me veo rodeado de mis amigos, donde todo es felicidad y verdadera amistad en estado puro, denso y dulce como la melaza, y estas vos con tu sonrisa y tu tendencia natural a la belleza, y el con sus pecas, el chino con un vaso lleno de fernet con coca en la mano y la otra en el hombro de tu hermano del alma, aquel con los cortos de fútbol y los botines, el gesto de amor de tu viejo y el incomparable abrazo de mamá. Es una mezcla infalible, el cóctel más hermoso que jamás vas a poder disfrutar, las lágrimas del amor correspondido. Es entonces cuando pensas que en algunos sueños resultas ser un tanto resentido y agresivo, mientras la bajada se termina, tu beso se corta y la patética figura de ella se desfigura, donde volves al mundo que pone en duda respecto a creer la primer atrocidad que un grupo de horribles mentes en búsqueda de expandir la frontera de su insatisfacción inyectando sufrimiento en algunas cabecitas un tanto ilusas, perdidas en el mundo de lo efímero, creyendo que uno nació para amar y enamorarse, y te levantas, te vestís, vas al baño y te mojas la cara, y miras al espejo sin saber que en realidad estás ahora, porque te miras y no comprendes qué imagen que refleja. Después de todo que importa, hay días en que todos los mundos saben enamorarte, más porque ella está en todos.
jueves, 8 de septiembre de 2011
sábado, 2 de julio de 2011
otro amanecer en la selva
Y así como esa mano golpeaba furiosamente y le daba una lección, agarraste la cuchara y cortaste la espuma de tu café. Y me sonreíste mientras llovía, y me mordía el alma, lleno de luz me tomaste del brazo y emprendimos vuelo. El puño seguía hundiéndose intentando romper los huesos, haciendo chillar de dolor y desesperanza, intentando desinflar la burbuja llenándola de temor, haciéndola pesada, disminuyendo el vuelo. Tímidos rayos entraban por la ventana, y abrimos los ojos. Nuestra burbuja siempre intacta, y tu figura que siempre detenía el tiempo, lo congelaba y vos, siempre vos.
martes, 31 de mayo de 2011
aire y luz
Hay un pueblo allá en el norte, donde no llega el veneno de la televisión, ni la radio, ni el internet. Donde el viento corre puro en el aire, entre los cerros y las quebradas, y el sol calienta la tierra sin interferencias. Ahí donde en una humilde casa una familia prepara el almuerzo, la nena ayuda a su madre a desgranar el choclo, mientras ella en un seco y rápido movimiento de mano y muñeca le retuerce el pescuezo a una gallina que fugazmente patea y se desvanece. El hijo que le sigue ayuda a poner la mesa, mientras que el primogénito mira atentamente a los misteriosos visitantes hablando con el hermano restante. La más pequeña se dispone a leer un pesado libro de biología con la tapa tan gastada que apenas se distingue la fotografía de lo que parece ser un lobo y la gran tipografía blanca. En este mediodía soleado y fresco nada contamina. Se escuchan los gritos de los chicos jugando a la pelota y la madre que llama a juancito y decile a tus hermanos que vengan a comer, acompañado de quejidos y saludos infantiles. Se dispone la mesa y somos el centro de atención, con nuestras grandes planillas móviles y coloridas, y nuestros cuentos de ciudad, y nuestros que rico el pollo, nuestra extraña vestimenta y nuestra manera hablar, movernos, y ser. El segundo más pequeño lee en voz alta el proceso de mitosis que realizan las células y se dispone a responder cualquier tipo de duda, en tanto la más pequeña canta y juega con una muñeca causando risas y ternura en todos menos en el celoso hermanito que intenta acaparar la atención y la madre lo reta para que deje cantar en paz a Lucía. El aire se comienza a viciar de silencio y las panzas llenas se ocupan de llenar el corazón, el monte llama con un guiño de ojo y nos disponemos a escalar un poco hasta que nos gane la siesta. Hay olor a maíz fecundo y a tierra y yuyo calentándose, y un vos que me sonríe y me llena el corazón. Luisito que nos sigue y se divierte mostrándonos sus atajos y las rocas firmes, nosotros que encontramos un lugar playo y nos recostamos a asimilar todo el celeste que podamos, que parece estar más cerca que nunca y a calentarnos la sangre con la luz de media tarde. En un extraño sueño una excéntrica banda de jazz fusión crea fantástica música en un pedazo de calle de nuestra amada Buenos Aires extirpada de su lugar de origen y clavada en un frío glaciar de alta montaña, mientras una mariposa enamorada me cuenta al oído que cada vez que piensa en su compañera se le llenan de personitas la panza, y mi bloque de hielo que se va poblando de curiosos que caminaban por ahí mientras te busco y no te encuentro. Luisito me lanza un anzuelo al que quedo atado y me rescata de ese sueño para mostrarme un nido de mulitas y me cuenta como su abuelo tiene un charango hecho con una igualita a esa que se está escapando. Todavía saboreaba mi sueño y me comenzaba a despegar de la piel el frío que el glaciar había irradiado en mi, y vos estabas ahí lejos, unos 70 metros, curioseando la vista panorámica que te daba la altura, escapandole al tiempo, congelada en la belleza, en tu belleza.
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