Estamos podridos, mi amor
hediondos y borrachos.
Mascara, cascara, coraza y corazón
creyendo que bañando al animal se alegra el rebaño.
Mascara y vino que cuentan
donde la decisión flaquea
y el cuerpo tiembla,
no quiebra.
Las locas vuelven, y vuelven a matar
con los tapones de punta,
total ni ven la tarjeta, ni sufren la fecha perdida.
Si te comería igual,
porque mentiría,
pecando, pesando mucho tal vez.
Podrido y tapado, escondido,
asomando, cocinando,
tomando y riendo.
Festejo todo.
Porque amo aunque me pudra,
porque duele y rió,
más allá de lo denso
y de las locas que siempre tiran a matar.
Mientras vivo
amo
para vivir,
me emborracho
para amar,
vivo
para tapar,
oculto para reír,
improviso una canción.
martes, 8 de noviembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
7, 11, 22 y 24
VII
Miro prendido fuego. Los ojos exorbitados, clavados en el sol.
De tu abdomen con lunares y filo dulce. Imprudencias de pasión, ciega por el aburrimiento.
Por chocar con tu isla, con tu planeta, aunque no alcancemos a rozarnos.
XI
Vuelo bajito, pero despego. No se si son tus manos las que me aprietan fuerte o son mis alas, mis neumaticos, mi cabeza, mis brazos los que me elevan y ellas elijen desprenderse o aferrarse, no lo se o si lo se. Remontando primavera, remontando verano, remontando otoño, remontando invierno. Naufrago de todo, todos y nada. Loco recurrente, siempre. Soga al alma y mi epicentro buscando lanzar, llorar lo que no se pierde porque nunca se posee. Otra luz al horizonte que vuela alto, cada vez más hasta ponerse arriba de mi cabeza. Bernardino que se eleva, se desprende de todas esas pancitas que algún día navegó, de todos los besos en todos los lunares, y de todo lo que tampoco fue.
XXII
Volando bajito me encontré con tu abrazo. Sobre mi, sobre agua-papel-alas-lengua, Calor, tus dedos en mi boca.
Corriendo frenéticamente con esa idea de no estar quieto, rodando con todos los huesos rotos.
Magullado y saboreando hierro con los labios cortados y los dientes teñidos.
Te probé con tabaco dulce, con marihuana perfumada, con coca amarga, con locoto picante, con pollo amarillo, con arroz integral, con alcohol extasiante, con la panza llena de miedo, con la panza llena. Te probé en mil lenguas, me encontré en mil ojos y me perdí los tuyos. Los olvidé me olvidé y nos olvidamos. Me dibujé ojos por todos lados, y pasó igual. Amor y muerte. No. Amor vida y arte. Me dejaste sin palabras, no sin mi. Todo duro, puesto y repuesto. Despertándome en otro planeta, siempre loco, siempre sol.
XXIV
Cuando llegó el momento no lo supe. Pasó y punto. Veinticuatro lunas mas tarde no lo supe, pero seguí ahí, regando.
jueves, 2 de junio de 2016
Conmemoración de los platos rotos
Los pómulos helados y la nariz apenas que apenas asomaban entre la bufanda y la capucha de la campera sentían como filosos pinchazos la finísima garúa que parecía flotar estática como polvo helado en el aire. Los labios casi tan rojos como el corazón, pero con la diferencia de que este estaba tapado por quien sabe cuantas capas de abrigo, piel, huesos y músculos, estas capas que solo son la masa tal vez palpable, desnudable, medible, calculable. De esa boca para afuera sale todo lo blando, que a pesar de la cruda helada no siempre se materializaba, como fantasmas que se hacen de piedra, algodón o madera y por su peso caen contra el suelo, golpean y ruedan. Según su consistencia, siempre dependiendo de la inclinación y el terreno causan desastrosas avalanchas, taponan ríos que juntan agua hasta desbordar, secarse o cambiar su curso, inundando distintos lugares, aunque también suelen caer y clavarse en el pasto, la alfombra o el barro, donde se asientan y algunas hasta se mecen suaves, con ritmo de vals, o con un tres-tres-dos bien marcado como los tangos que canturreaste y bailamos. Pero lo blando también se puede materializar blando, esponjoso y hasta amasable. Donde solo falta ponerle salsa y queso, o saltear pollo con legumbres y enrollarlo como un shawarma para llenarnos la panza y sacarnos la helada de este Junio que nos petrifica el alma. Puede formar una bellisima nube, donde un nene imagina libremente, donde veo mi vida que si intento tomarla se escurre con la niebla. Incluso puede hacerse de madera, tallarse, encordarse y crear arte!
Las maravillas de tu boca, y de todo lo blando que sale de ella, que toma forma subiendo desde la garganta, moldeadas por dientes, lengua y labios para salir siempre caliente y crudo. Invisible, como los escudos protectores que tienen las naves en las películas de ciencia ficción que sirven de refugio para huir de la calle y meterse en la cama, con una taza caliente entre las manos, las que ahora están escondidas para no sufrir el mismo destino que la parte que te quedó descubierta del rostro. Tal vez hoy de huir se trate, de escudarse en camperas y todo lo etéreo con lo que creamos un muro entre nuestras almas, que solo nos hace estar tan lejos como nos salga, chocando sin vernos ni tocarnos, para dentro de mi escudo escuchar mi eco, pensar cuan interesante resulta que en un mundo con tanta mentira y tanto dolor en lo impenetrable nazca una flor. Entre la materia que salió de tu boca, que hoy amaso en el vacío, la naturaleza me vence, porque ahí esta la ley final, porque pasado todo yo te guardo siempre, y soy, de otra manera, eternamente tuyo.
domingo, 24 de abril de 2016
Fue un día hermoso, el otro día. Llegué caminando al parque. No hizo falta ni que despliegue las velas, ni busque orientarme con la brújula o las estrellas, mucho menos volver a naufragar y perderme en un horizonte eterno. Cerré los ojos y me guié con la nariz. Olí la sal y la infusión que acompañamos tantas veces con este frío que nos muerde los huesos. Cerré los ojos y me deje llevar con el recuerdo. Escuché algunos pajaritos que canturreaban tímidos con los pocos rayos de sol que me pintaban la cara en la mañana de la zona sur porteña. Escuché el rechinar de mi bicicleta china soportando nuestro peso en la vertiginosa bajada, y el saludo de Dani que me trajo tantos recuerdos de niñez y alegría. De todos modos, siempre me generó nostalgia, y hablar de alegría tantas veces se presenta como un desafío en la cabeza, un enorme muro que me separa la vida y el presente. Cerré los ojos y te toqué las manos. Te recorrí con la yema de los diez dedos, mezclándome con vos, subiendo sin detenerme, muñecas, codos, hombros. Apoyé la frente en tu nuca. Cerré los ojos y te olí, entonces con la boca te besé la espalda. Abrí los ojos y tenía 7 años. Era un día hermoso, pero ese muro me rodeaba, podía saltarlo, podía intentar pasar del otro lado, pero que pasa si allá no tengo mi defensa y ....puf! ¡Qué terror nene! Entonces volví a abrir los ojos, y tenía 13. En ese momento no iba al parque, como tampoco lo hice en este último tiempo. El muro seguía ahí, pero había tomado una forma extraña, una burbuja lo cerraba. Frágil vibraba con el viento, pero ahí seguía. Correteaba adentro, cómodo, aunque sin conciencia. Pero cada tanto me miraba los pies, y me veía tropezando, con zancadas erráticas, tal vez torpes, corriendo contra la pared que se mantenía a una distancia que parecía fija e ilimitada. Cada vez me miraba más los pies y pensaba -UY! Como me voy a romper el alma cuando me caiga!-. Cerré lo ojos y me guié con la lengua. Cuando me quemé con el alcohol barato o el humo que nos llenaba los cachetes. Abrí los ojos y...pum! Profecía autocumplida! Miré un reloj y desesperadamente le grité que se detuviera, que era hermoso! No lo cuidé, o eso creo. Cerré los ojos, y los abrí en un día hermoso donde el muro mostraba una grandiosa puerta, disponible para pasar. El sol y los parajos coronaban un marco estupendo, y el rompecabezas de mi alma tantas veces rota y enmendada dibujaba el mapa que había perdido. Pero cerré los ojos otra vez, y no te vi más. Me guié con la nariz, sofocado buscando aire que no encontraba. Abrí la boca y saqué la lengua qué estaba seca y blanca. Otra vez morí en vida, y después de mirarme los pies trastabillando me volvi a ver rompiéndome el alma. Con los ojos cerrados, te toqué las manos, te besé la nuca, te mordí la boca y me caí, y me partí en mil pedazos, de esos que vuelan y hieren como metralla a su alrededor. Te vi herida, juntando trozos rotos, arrodillada, con fragmentos clavados y los dedos lastimados. Me desesperé y los cerré más fuertes, intentando no dejar escapar las lágrimas. Los abrí para volver a verme los pies ...pum!
Cerré los ojos y era simplemente otro día.
Los abrí y en ellos tenía grabado tu ser. Atravesé el muro, abrazando lo que amo con el corazón desnudo y buscando perdonarme, porque pasa que cuando los cierro lo que veo es la onda expansiva, el daño de mi estallido, pedazos filosos e hirientes que tantas veces junté para rearmar la vasija donde guardo el alma, ese diamante que te mostré, manchados con tu dolor, mi terror. Abro los ojos para llorar, para despertar de tanta pesadilla. Voy al parque, tantas veces nuestro parque, pienso en mi fantasía y mis contradicciones, mis locuras y mi amor. Pienso y crezco, crezco y lamento, lamento y lloro, lloro y perdono, perdono y me abrazo solo, esperando mi calor te llegue. Cierro los ojos en otro nuevo día, negrita, y el sol me pinta la cara, el amor me llena el pecho, y sigo rearmando la vasija, que manchamos con besos, cuerpos, amor y dolor.
Cerré los ojos y era simplemente otro día.
Los abrí y en ellos tenía grabado tu ser. Atravesé el muro, abrazando lo que amo con el corazón desnudo y buscando perdonarme, porque pasa que cuando los cierro lo que veo es la onda expansiva, el daño de mi estallido, pedazos filosos e hirientes que tantas veces junté para rearmar la vasija donde guardo el alma, ese diamante que te mostré, manchados con tu dolor, mi terror. Abro los ojos para llorar, para despertar de tanta pesadilla. Voy al parque, tantas veces nuestro parque, pienso en mi fantasía y mis contradicciones, mis locuras y mi amor. Pienso y crezco, crezco y lamento, lamento y lloro, lloro y perdono, perdono y me abrazo solo, esperando mi calor te llegue. Cierro los ojos en otro nuevo día, negrita, y el sol me pinta la cara, el amor me llena el pecho, y sigo rearmando la vasija, que manchamos con besos, cuerpos, amor y dolor.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Gerundio y fin. Historia de cómo dejar de lado poesías baratas, perdonar, liberar y vivir.
Inspiración, ganas, necesidad, escape, huida. Tengo que escribir. Faltan cerca de dos horas para terminar de rendir audioperceptiva, mas bien tengo que memorizar unos cuantos solfeos, que son melodías en hojas pentagramadas. Por suerte tengo los archivos en audio. Los escucho y tarareo, ya se donde va cada parte, cada tanto me confundo alguna nota. Es viernes, llueve. Me torcí la muñeca jugando al fútbol, me puse hielo ni bien llegué a casa, la ventaja de vivir próximo de la autopista 25 de Mayo, las canchitas están cerca. No corre peligro el final de guitarra. Las plantas se mojan, por suerte no granizó en toda la noche, y si pasó ni me enteré y se la bancaron. Me desperté casi a la 1 hoy, ya había terminado mi laburo, desayuné pan, un cacho de queso y mate. Sigo tomando, está lavado. Hace días que vengo exaltado, aunque por momentos algo confundido y hasta triste. Rendí canto, con el culo entre las manos y la voz que en principio salió casi temblando, y la respiración que arrancó confundida. Rápida remontada, interpretación correcta y afinada, fin de la obra, los hombros caen relajados. Aplausos de los compañeros, por el valor imagino, porque tampoco soy la voz más linda de la clase ni cerca che. Sorpresa. La profe sonríe, antes me había dicho que estaba muy lindo, intentando darme ánimos imagino, ahora me dice con mucha soltura y ciertamente de manera imprevista que se vio muy satisfecha con mi interpretación. Soy asmático y fumador social. Ya no ando tanto en bici, pero siempre me llama. La respiración, eje fundamental de la educación vocal me costó todo el año. No por respirar mal sino de manera inapropiada, los años de bici y ejercicio aeróbico, en palabras de la profesora afectaron mi respiración, siendo mejor para la resistencia física que para el canto. Miedo. La verdad estaba medio asustado. Pero ya pasó. Ahora quedan otros miedos, otros que son un poquito más tangibles, no solo un miedito autoimpuesto, un poco soberbio porque sabíamos que nos iba a ir bien. Todavía quedan miedos con ojos, nariz, boca y dientes. Con nombre. Miedos que usan remeras y zapatillas.
Me asomé a la terraza, efectivamente las plantas están re bien. Garúa un poco así que algo me mojé. Nitrógeno, fósforo y potasio, un poco de agua y sol, estoy asombrado, crecen hermosas. El limonero está dando flores. Primero son capullos violetas, después florcitas blancas con pistilos amarillos, de perfume dulce. El árbol es joven, no creo que de limones este año. Año de balance positivo, creo. Enfocado en una vocación para transformarla de a poco en profesión tal vez. Desde los 12 años que no llegaba a fin de año con todas las notas altas. Hermoso hacer lo que nos gusta. Trabajo todo el año. Casting, debut inesperado en el cine. Amigos más, amigos menos. Barrio nuevo. Falta de objetividad, fallos dudosos. Amor más, amor menos, amor más. Miedos, bronca. Un poco de vida. Suma y moldea, a uno el toca crear. Junto a mi ventana, a todo esto ya pasó casi una hora y media, ahora llueve más fuerte. Hay que seguir estudiando, que los miedos esperen. Y que los miedos con ojos vean, que los miedos con boca besen, que la vida continua. Total cada tanto me acuerdo todo lo que fue, no vale la pena negarlo. Lo único que me molesta es la falta de transparencia, y ciertamente mi deseo repentino de creer que te puedo mover un poco el suelo, o de pensar si de verdad podrás dormir bien todas las noches. De que te enteres lo mal que me hacías sentir, de todas las relaciones paralelas que mantuve, de lo poco orgulloso que me tiene. Falsos escapes, parches funcionales, de esos que evitan que se te hunda el bote aunque sigue filtrando. De todas las mujeres, con las que compartimos tanto amor y oscura sanación. Del fuego adolescente, convertido en gloria, me embriagaba levemente y curaba la angustia. Tiene sentido hoy liberar tanta presión. No hoy por solo por ser hoy, primero de Noviembre mientras cumple 105 años el segundo amor de mi vida, Huracán, sino por entender la vida, crecer y perdonar. Abandonar la defensa, asumir errores, pero no culpas. Tal vez criticarse más. Necio, habiendo aguantado de más intentando salvar un barco en donde tapaba un agujero y vos sin darte cuenta o sin la intención le hacías tres o cuatro nuevos y se hundía. Ciego, dentro de un juego macabro. Negador, creyendo que podía salvar algo. Ingenuo creyendo acompañarte y ayudarte. Recuerdo, mucho tiempo atrás, pequeñas lineas de un naufrago, tal vez una alarma anunciada.
Hoy el sol me ilumina, afuera llueve, adentro suelto alguna risa y desinflamo el alma, afuera mis plantas, mi limonero y mi palta, adentro tripas y sangre, afuera el amor todos mis amores, también mi amor, seguramente preparando una torta para el cumple de un amigo esta noche, adentro la descompresión y la tranquilidad, afuera el fin tiempo, nuevamente adentro la pasión y el fuego, repentina inspiración, ganas, necesidad, escape y huida. Adelante y en todo, la vida.
Y arriba el sol.
Me asomé a la terraza, efectivamente las plantas están re bien. Garúa un poco así que algo me mojé. Nitrógeno, fósforo y potasio, un poco de agua y sol, estoy asombrado, crecen hermosas. El limonero está dando flores. Primero son capullos violetas, después florcitas blancas con pistilos amarillos, de perfume dulce. El árbol es joven, no creo que de limones este año. Año de balance positivo, creo. Enfocado en una vocación para transformarla de a poco en profesión tal vez. Desde los 12 años que no llegaba a fin de año con todas las notas altas. Hermoso hacer lo que nos gusta. Trabajo todo el año. Casting, debut inesperado en el cine. Amigos más, amigos menos. Barrio nuevo. Falta de objetividad, fallos dudosos. Amor más, amor menos, amor más. Miedos, bronca. Un poco de vida. Suma y moldea, a uno el toca crear. Junto a mi ventana, a todo esto ya pasó casi una hora y media, ahora llueve más fuerte. Hay que seguir estudiando, que los miedos esperen. Y que los miedos con ojos vean, que los miedos con boca besen, que la vida continua. Total cada tanto me acuerdo todo lo que fue, no vale la pena negarlo. Lo único que me molesta es la falta de transparencia, y ciertamente mi deseo repentino de creer que te puedo mover un poco el suelo, o de pensar si de verdad podrás dormir bien todas las noches. De que te enteres lo mal que me hacías sentir, de todas las relaciones paralelas que mantuve, de lo poco orgulloso que me tiene. Falsos escapes, parches funcionales, de esos que evitan que se te hunda el bote aunque sigue filtrando. De todas las mujeres, con las que compartimos tanto amor y oscura sanación. Del fuego adolescente, convertido en gloria, me embriagaba levemente y curaba la angustia. Tiene sentido hoy liberar tanta presión. No hoy por solo por ser hoy, primero de Noviembre mientras cumple 105 años el segundo amor de mi vida, Huracán, sino por entender la vida, crecer y perdonar. Abandonar la defensa, asumir errores, pero no culpas. Tal vez criticarse más. Necio, habiendo aguantado de más intentando salvar un barco en donde tapaba un agujero y vos sin darte cuenta o sin la intención le hacías tres o cuatro nuevos y se hundía. Ciego, dentro de un juego macabro. Negador, creyendo que podía salvar algo. Ingenuo creyendo acompañarte y ayudarte. Recuerdo, mucho tiempo atrás, pequeñas lineas de un naufrago, tal vez una alarma anunciada.
Hoy el sol me ilumina, afuera llueve, adentro suelto alguna risa y desinflamo el alma, afuera mis plantas, mi limonero y mi palta, adentro tripas y sangre, afuera el amor todos mis amores, también mi amor, seguramente preparando una torta para el cumple de un amigo esta noche, adentro la descompresión y la tranquilidad, afuera el fin tiempo, nuevamente adentro la pasión y el fuego, repentina inspiración, ganas, necesidad, escape y huida. Adelante y en todo, la vida.
Y arriba el sol.
"Ahora no te veo, y al contrario de lo que en un momento pensé, ya no te extraño, solo te recuerdo. Creo que el haberte perdido en el horizonte ayudó mucho. Mi nueva locura. Mi locura por el sol no cesa. Me voy hacia el, dejándote de lado. Imprudencia la mía, de vivir yendo de una locura a otra." una serie de seis
martes, 23 de abril de 2013
Un pequeño Lucas
-El cielo no ayuda... -dijo luego de un pesado soplido- pero dale, arranquemos que debemos aprovechar que es domingo.
Lucas apareció lentamente. Asomando por una de esas subidas de asfalto del parque Lezama, como pasarelas entre gigantes arboles y pasto verde. A paso lento, con la curiosidad que casi le escapaba de los ojos, siempre atentos a todo, solo distraído de a momentos por los tirones de la correa de su perra, la Negrita. Ella era otra cachorra que descubría el mundo junto a Lucas, en ese mar de olores y figuras, bajo ese cielo monocromático. Lucas, que lo inspeccionaba todo, ya nos depositaba gran atención desde el momento en que el parque nos había coincidido, no se si por mi guitarra o por tu pelo negro, su perfume o tus profundos ojos.
La negra se sentó tranquila a nuestro lado, fiel compañera que tomó el descanso de Lucas que la traía corriendo y paseando hace horas, y el muchacho se presentó, suave y tímido, rompiendo el hielo con dos preguntas, una pedido y dos declaración, casi sin esperar respuesta de ninguna, solo por expresarse:
-Eso es una guitarra?.. Tocate un rockanroll.. Es muy linda ella.. Es tu novia?
Lucas apareció lentamente. Asomando por una de esas subidas de asfalto del parque Lezama, como pasarelas entre gigantes arboles y pasto verde. A paso lento, con la curiosidad que casi le escapaba de los ojos, siempre atentos a todo, solo distraído de a momentos por los tirones de la correa de su perra, la Negrita. Ella era otra cachorra que descubría el mundo junto a Lucas, en ese mar de olores y figuras, bajo ese cielo monocromático. Lucas, que lo inspeccionaba todo, ya nos depositaba gran atención desde el momento en que el parque nos había coincidido, no se si por mi guitarra o por tu pelo negro, su perfume o tus profundos ojos.
La negra se sentó tranquila a nuestro lado, fiel compañera que tomó el descanso de Lucas que la traía corriendo y paseando hace horas, y el muchacho se presentó, suave y tímido, rompiendo el hielo con dos preguntas, una pedido y dos declaración, casi sin esperar respuesta de ninguna, solo por expresarse:
-Eso es una guitarra?.. Tocate un rockanroll.. Es muy linda ella.. Es tu novia?
Noche XV
-Pero lo mejor que podes hacer con un tipo así
es dejarlo fuera de juego, Dani.
Es mediático y jugado, suele irse de boca...
Lo mismo si pierde o si gana, duro como el solo,
siempre termina por ponerse a los poderosos en su contra,
y sin saberlo malabarea con corazones ajenos, indefensos,
generaciones y pasiones, con tripa y alma al descubierto,
la sonrisa de los muchachos, los ojos de la morocha,
la bronca de la banda que ataca primitivamente,
el grito desenfrenado y la emoción única...
¡Los colores y el amor!¡Eso siempre primero!
-La verdad es que...-a Dani lo dejaron sin palabras, así que se limitó a tomar con firmeza la tibia manija de su taza de café, elevando los hombros entre la cabeza, mientras le daba fin a esta -Y sí, es así, otra no queda, cuando tenes razón tenes razón. -le dijo mientras se quedaba mirando el fondo vacío y apenas manchado por lo que restaba del negro café.
Se rieron un poco más y quedaron en reencontrarse el sábado para ir a la cancha a ver el partido de su tan amado Huracán. Se despidieron con un abrazo, unas palmadas en los hombros, un llamame si necesitas algo y la sonrisa de amigo. Tuvo una extraña sensación al tacto con el abrigo de Manuel cuando se despidió de el, pero lo alegró sentir que en sus guantazos le retiraba el frió, y cierto peso que ahora no sabía por qué cargaban sus manos. Logró encender un pucho que cortó la soledad que sentía iba a aparecer a la vuelta de la esquina, cuando ella que se alejaba, cuando ya lo había perdido de vista al flaco. Era temprano para volver, y tenía seca la garganta. Caminó hasta el viejo bodegón con la persiana medio baja, la golpeó dos veces con la mano y saludó con un gesto a Vicente que estaba acomodando las copas detrás del mostrador. A mediados de su segundo wishky notó las paredes despintadas por las pocas luces que quedaban en la barra y la cocina donde se veía a los ayudantes limpiando y preparando todo para terminar su jornada. No supo tampoco en que momento fue que la radio se desconectó, o si esta también fue atenuándose hasta resultar inaudible, invisible. El sabía que Vicente no le iba a negar otra copa, tampoco lo iba a apurar porque estaban cerrando el local, menos con lo que le había pasado, pero ya sentía las manos pesadas, tirando de los hombros, haciéndolos caer, el cuello quebrado mirando hacia abajo, el pecho hueco y el estómago vencido.
Entonces fue como aquella, la primer noche, pasó a la historia.
es dejarlo fuera de juego, Dani.
Es mediático y jugado, suele irse de boca...
Lo mismo si pierde o si gana, duro como el solo,
siempre termina por ponerse a los poderosos en su contra,
y sin saberlo malabarea con corazones ajenos, indefensos,
generaciones y pasiones, con tripa y alma al descubierto,
la sonrisa de los muchachos, los ojos de la morocha,
la bronca de la banda que ataca primitivamente,
el grito desenfrenado y la emoción única...
¡Los colores y el amor!¡Eso siempre primero!
-La verdad es que...-a Dani lo dejaron sin palabras, así que se limitó a tomar con firmeza la tibia manija de su taza de café, elevando los hombros entre la cabeza, mientras le daba fin a esta -Y sí, es así, otra no queda, cuando tenes razón tenes razón. -le dijo mientras se quedaba mirando el fondo vacío y apenas manchado por lo que restaba del negro café.
Se rieron un poco más y quedaron en reencontrarse el sábado para ir a la cancha a ver el partido de su tan amado Huracán. Se despidieron con un abrazo, unas palmadas en los hombros, un llamame si necesitas algo y la sonrisa de amigo. Tuvo una extraña sensación al tacto con el abrigo de Manuel cuando se despidió de el, pero lo alegró sentir que en sus guantazos le retiraba el frió, y cierto peso que ahora no sabía por qué cargaban sus manos. Logró encender un pucho que cortó la soledad que sentía iba a aparecer a la vuelta de la esquina, cuando ella que se alejaba, cuando ya lo había perdido de vista al flaco. Era temprano para volver, y tenía seca la garganta. Caminó hasta el viejo bodegón con la persiana medio baja, la golpeó dos veces con la mano y saludó con un gesto a Vicente que estaba acomodando las copas detrás del mostrador. A mediados de su segundo wishky notó las paredes despintadas por las pocas luces que quedaban en la barra y la cocina donde se veía a los ayudantes limpiando y preparando todo para terminar su jornada. No supo tampoco en que momento fue que la radio se desconectó, o si esta también fue atenuándose hasta resultar inaudible, invisible. El sabía que Vicente no le iba a negar otra copa, tampoco lo iba a apurar porque estaban cerrando el local, menos con lo que le había pasado, pero ya sentía las manos pesadas, tirando de los hombros, haciéndolos caer, el cuello quebrado mirando hacia abajo, el pecho hueco y el estómago vencido.
Entonces fue como aquella, la primer noche, pasó a la historia.
domingo, 27 de mayo de 2012
martes, 15 de mayo de 2012
La caricia de un Cisne Negro y el amigo perdido.
Esta vez, mira hacia su destino, y se embiste contra él. En
un golpe casi suicida recuerda eso que se comenta, de ver pasar nuevamente toda
la vida. Pensó que la vida era muy larga para realizar toda una segunda
inspección mientras chocaba con furia y comenzaban a astillarse los primeros
huesos y a chorrear las primeras arterias. Pero hagamos un poco de memoria, en
lo fantástico, por ejemplo, de un beso, de cualquiera de los que dimos, de la
emoción que tenían o del fuerte odio que ocultaba por temor a ser el último. ¿O
era más bien temor a ser odiado siendo el último? ¿Por qué habría sido otro de
una defectuosa cadena de engranajes oxidados? No valía la pena esa pregunta
ahora que la espalda caía bruscamente, si después esos ojos con ese instante de
mirada ya estaban enterrados bajo un sinfín de inexplicables. La emoción, la emoción,
se repetía, incesantemente, recordando esa electricidad tan
característica, esos renglones, esas estrofas, esos acordes, todo volcado en un
simple instante, el de tomar aire y embestir, nuevamente embestir. Entonces te besé
otra vez, porque sobre besos se trata esto, besos y mentiras, como las que
nos dijimos, las que elegimos creer y nos envenenamos mordiéndonos las bocas. Y
nuevamente me tiras al suelo y me apaleas en la soledad del viejo parque en el
norte, en tu ciudad de muertos. Pero por suerte tu nueva ventana siempre
ilumina rosado, ya nunca más naranja, y los instantes pasan, pero se trata de los besos y lo más
cercano a la verdad que podamos alcanzar, y lo fantástico de un último beso que
atesora ese título más que a la vida misma, siempre sabiendo que tiende de un
hilo. Siempre fue mucho pedirte un poco más, pero aquí me ves, dando todo,
embistiéndome brutalmente, llenándome las entrañas, rompiendo toda la fibra y derramando lágrimas, cayendo bruscamente por la emoción, por tu nuevo beso, por el amor que te tengo.
martes, 3 de abril de 2012
Bailamos, negrita?
¿Qué pasaría si me acerco y despacito te susurro una tímida invitación?
No alcanza, pibe, con amar, aún cuando pugne la voz contra tu boca, porque la voz, pasa.
La miraba, mientras sus asombrados ojos viajaban al encuentro con los suyos, y sentía su perfume que parecía venir de siglos atrás, que descansaba dulcemente en el aire, hipnotizandolo dondequiera que aparezca, con su pelo casi negro.
Una bocanada del dulce perfume,
y ya nada fue lo mismo
una caricia justa
donde dos corazones se cruzaron
donde sí crearon un templo de Apolo
No alcanza, pibe, con amar, aún cuando pugne la voz contra tu boca, porque la voz, pasa.
La miraba, mientras sus asombrados ojos viajaban al encuentro con los suyos, y sentía su perfume que parecía venir de siglos atrás, que descansaba dulcemente en el aire, hipnotizandolo dondequiera que aparezca, con su pelo casi negro.
Una bocanada del dulce perfume,
y ya nada fue lo mismo
una caricia justa
donde dos corazones se cruzaron
donde sí crearon un templo de Apolo
sábado, 25 de febrero de 2012
Otra pizca de vacío
Te tomo por el pelo, suavemente, entre el pasto y el éter que nos separa. Sería un excelente cable a tierra un beso y un te quiero, para luego volver y elevarnos con rizas de sangre dulce y pancitas tibias, pero es mejor no mirarnos, no. Es mejor aumentar la presión dentro de nosotros, sentir el frío erizando la piel, el retorcer del estomago, percatarse de que las puntas de los dedos pueden explotar ante el mínimo contacto y los ojos desorbitarse en el momento en que me vuelva para ver tu boca, o chocar con los tuyos, profundos, llenos de enigmas que jamás se explican hasta que se lame el misterio y se lo envuelve en los brazos, apretándolo fuerte contra el pecho, sujetando y elevando hasta besar y apoyar todo un lado de la cara en la suave pancita que está tibia por el vino y reír por las cosquillas o por la felicidad, con la sangre ligera, caliente y dulce, pero es mejor no delatarnos, y es mejor seguir hasta reventar, aumentando la presión y convirtiéndonos en frágiles aerostatos inmortales, sin entender si el corazón se detuvo o solamente fue el tiempo que nos regala otro instante sin fin, que queda siempre en la memoria, tan efímero y difícil de mantener, flotando sobre una alfombra de pasto y sin cielo, sin límite, tomándote por el pelo, suavemente.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Es gracioso y lindo para mí, aunque algunas veces te resulte confuso, esas veces que después de un beso o una caricia o cualquier contacto físico o de simples palabras yo te mire, te mire y me ría un poco. Resulta interesante que en un mundo con tanta mentira y tanto dolor se me ocurra a mi enamorarme, y hacerlo todos los días, cada uno de ellos, y verte y quedarme atónito, resignificando sentimientos, ideas, y hasta la vida en sí. Y los dos sabemos las vueltas que pega la vida y pudimos construir precarias armas para defendernos de las catástrofes que nos azotaron, y tuvimos la hermosa fortuna de encontrarnos y coincidir en un sentimiento que nos abarca en cuerpo y alma, e incluso supera ciertas barreras, que se agranda y olvida los viejos limites a cada paso y hace creer que otros no van a existir. Entonces cada día que pasa, el reloj sigue y no se detiene, ellos se vuelven los únicos enemigos, los que nos roban la eternidad, el congelar para siempre el tiempo y verte sentada, acostada, parada o cual fuera tu posición, pero siempre vos, siempre hermosa y siempre autentica, única. Pero es feliz que dentro de este cáos nuestros instintos puedan dirigirse en una misma dirección. Sucede que cada cosa tuya me sorprende, y me llega al corazón, y fantaseo, y sueño, imagino escenas idílicas, siempre en tu compañía, intento plasmar algunas escribiendo, pero no doy abasto, cuando te cuento sobre el amor, sobre la comida, sobre sexo, sobre felicidad, sobre ballenas o paseos en bicicletas, sobre tu sonrisa o tu mordisqueo, que son mis salvavidas en una ciudad destruida y sin amor. Es gracioso y lindo tenerte y besarte, sumergido en la escritura sin saber cual es mi tiempo y espacio, cual mi realidad, si tengo realidad.
Pero esas preguntas se vuelven vacías, porque yo te tengo siempre, y soy eternamente tuyo.
24/11
Pero esas preguntas se vuelven vacías, porque yo te tengo siempre, y soy eternamente tuyo.
24/11
martes, 4 de octubre de 2011
El hecho es que me encontraba perdido. El indefinible momento de sueño o lucidez, aunque siempre tan efímero. Repentino grito de alerta y la improvisada puesta en escena, falsa y confusa, y te confundo con mi camisa colgada. Me tumbo y se enciende la oscuridad, otra vez al pasto con vos y un sol de papel que no calienta, solo ilumina de blanco azulado, en ese mar de gente, todo con su textura de frazada de lana, sabana sucia y transpirada. Era gracioso verte, porque este mundo se manda con lo meramente autentico y genuino, no existen los dobles sentidos ni las barreras de la neurosis y entonces por diez minutos nadie me manda a hacer nada, aunque la apreciación más correcta sería que nadie me manda a no hacer las cosas, y acelero en una cuesta abajo tomandote con ambas manos, si acá no importa que no tome el manubrio, acá donde nadie intenta hacernos daño, mientras cortamos el viento como una lanza, y nos emocionamos casi hasta las lágrimas en otro beso de Parque Patricios, pero sin embargo eso no importa, porque lo más importante y hermoso es que no podes siquiera intentar boicotearme, porque en la lucidez de todos los días vos te volviste una experta en la destrucción y en ser la misma infeliz creando ficción para esquivar con una tramposa finta la vida, pero en los mundos paralelos, que algunas veces resultan ser bastante más cuerdos, nadie puede creer semejante atrocidad, y todos ríen a carcajadas con tu, aunque planificada, hipócrita verborragia. Entonces me abrazas bien fuerte, y me veo rodeado de mis amigos, donde todo es felicidad y verdadera amistad en estado puro, denso y dulce como la melaza, y estas vos con tu sonrisa y tu tendencia natural a la belleza, y el con sus pecas, el chino con un vaso lleno de fernet con coca en la mano y la otra en el hombro de tu hermano del alma, aquel con los cortos de fútbol y los botines, el gesto de amor de tu viejo y el incomparable abrazo de mamá. Es una mezcla infalible, el cóctel más hermoso que jamás vas a poder disfrutar, las lágrimas del amor correspondido. Es entonces cuando pensas que en algunos sueños resultas ser un tanto resentido y agresivo, mientras la bajada se termina, tu beso se corta y la patética figura de ella se desfigura, donde volves al mundo que pone en duda respecto a creer la primer atrocidad que un grupo de horribles mentes en búsqueda de expandir la frontera de su insatisfacción inyectando sufrimiento en algunas cabecitas un tanto ilusas, perdidas en el mundo de lo efímero, creyendo que uno nació para amar y enamorarse, y te levantas, te vestís, vas al baño y te mojas la cara, y miras al espejo sin saber que en realidad estás ahora, porque te miras y no comprendes qué imagen que refleja. Después de todo que importa, hay días en que todos los mundos saben enamorarte, más porque ella está en todos.
jueves, 8 de septiembre de 2011
sábado, 2 de julio de 2011
otro amanecer en la selva
Y así como esa mano golpeaba furiosamente y le daba una lección, agarraste la cuchara y cortaste la espuma de tu café. Y me sonreíste mientras llovía, y me mordía el alma, lleno de luz me tomaste del brazo y emprendimos vuelo. El puño seguía hundiéndose intentando romper los huesos, haciendo chillar de dolor y desesperanza, intentando desinflar la burbuja llenándola de temor, haciéndola pesada, disminuyendo el vuelo. Tímidos rayos entraban por la ventana, y abrimos los ojos. Nuestra burbuja siempre intacta, y tu figura que siempre detenía el tiempo, lo congelaba y vos, siempre vos.
martes, 31 de mayo de 2011
aire y luz
Hay un pueblo allá en el norte, donde no llega el veneno de la televisión, ni la radio, ni el internet. Donde el viento corre puro en el aire, entre los cerros y las quebradas, y el sol calienta la tierra sin interferencias. Ahí donde en una humilde casa una familia prepara el almuerzo, la nena ayuda a su madre a desgranar el choclo, mientras ella en un seco y rápido movimiento de mano y muñeca le retuerce el pescuezo a una gallina que fugazmente patea y se desvanece. El hijo que le sigue ayuda a poner la mesa, mientras que el primogénito mira atentamente a los misteriosos visitantes hablando con el hermano restante. La más pequeña se dispone a leer un pesado libro de biología con la tapa tan gastada que apenas se distingue la fotografía de lo que parece ser un lobo y la gran tipografía blanca. En este mediodía soleado y fresco nada contamina. Se escuchan los gritos de los chicos jugando a la pelota y la madre que llama a juancito y decile a tus hermanos que vengan a comer, acompañado de quejidos y saludos infantiles. Se dispone la mesa y somos el centro de atención, con nuestras grandes planillas móviles y coloridas, y nuestros cuentos de ciudad, y nuestros que rico el pollo, nuestra extraña vestimenta y nuestra manera hablar, movernos, y ser. El segundo más pequeño lee en voz alta el proceso de mitosis que realizan las células y se dispone a responder cualquier tipo de duda, en tanto la más pequeña canta y juega con una muñeca causando risas y ternura en todos menos en el celoso hermanito que intenta acaparar la atención y la madre lo reta para que deje cantar en paz a Lucía. El aire se comienza a viciar de silencio y las panzas llenas se ocupan de llenar el corazón, el monte llama con un guiño de ojo y nos disponemos a escalar un poco hasta que nos gane la siesta. Hay olor a maíz fecundo y a tierra y yuyo calentándose, y un vos que me sonríe y me llena el corazón. Luisito que nos sigue y se divierte mostrándonos sus atajos y las rocas firmes, nosotros que encontramos un lugar playo y nos recostamos a asimilar todo el celeste que podamos, que parece estar más cerca que nunca y a calentarnos la sangre con la luz de media tarde. En un extraño sueño una excéntrica banda de jazz fusión crea fantástica música en un pedazo de calle de nuestra amada Buenos Aires extirpada de su lugar de origen y clavada en un frío glaciar de alta montaña, mientras una mariposa enamorada me cuenta al oído que cada vez que piensa en su compañera se le llenan de personitas la panza, y mi bloque de hielo que se va poblando de curiosos que caminaban por ahí mientras te busco y no te encuentro. Luisito me lanza un anzuelo al que quedo atado y me rescata de ese sueño para mostrarme un nido de mulitas y me cuenta como su abuelo tiene un charango hecho con una igualita a esa que se está escapando. Todavía saboreaba mi sueño y me comenzaba a despegar de la piel el frío que el glaciar había irradiado en mi, y vos estabas ahí lejos, unos 70 metros, curioseando la vista panorámica que te daba la altura, escapandole al tiempo, congelada en la belleza, en tu belleza.
miércoles, 25 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
una muestra de -horrible- verborragia
Fue entonces cuando no pudo aguantar más y la gravedad venció.
Bailate uno más conmigo -le pedía a la gringa- que si ni van a ser las once
entonces los pajaritos que volaban
entonces miles de partículas que se desprendían
llenando todo el aire de Avellaneda
con tu boca que me muerde
tu sonrisa que me dice hola, te quiero
un sol enorme que pinta de amarillo
una luna enorme en medio de la selva
vos con los pies apoyados en el medio
llovía a cántaros y llegaste con tu saco de feria americana, y el maquillaje corrido -te odio- y me miraste con cara de asco -basura- y te regalé un caramelo que lo comiste cómo si fuese tu obligación, y tenías arena en la boca, y tenías la piel áspera cómo un cocodrilo -arpía detestable- mientras me vomitabas todo lo gris de tu vida, todo lo oscuro y toda esa mierda -con qué necesidad pedazo de monstruo?- y yo que iba a verte un rato, y llevarte una campera seca
y todo se tiñó de rosa y era tan gracioso
entonces tu respiración se volvía mi piel
con tu sonrisa, mi aire, lo tibio del ambiente
la risa que volaba, y lo implícito atado al amor
mientras explotaba en miles de particular
y llenábamos la zona sur
cuando desaparecían las hojas del otro otoño
mientras nos pintábamos de mil colores entre el asfalto de Congreso
mordeme un ratito más, quedate toda la tarde eterna
Bailate uno más conmigo -le pedía a la gringa- que si ni van a ser las once
entonces los pajaritos que volaban
entonces miles de partículas que se desprendían
llenando todo el aire de Avellaneda
con tu boca que me muerde
tu sonrisa que me dice hola, te quiero
un sol enorme que pinta de amarillo
una luna enorme en medio de la selva
vos con los pies apoyados en el medio
llovía a cántaros y llegaste con tu saco de feria americana, y el maquillaje corrido -te odio- y me miraste con cara de asco -basura- y te regalé un caramelo que lo comiste cómo si fuese tu obligación, y tenías arena en la boca, y tenías la piel áspera cómo un cocodrilo -arpía detestable- mientras me vomitabas todo lo gris de tu vida, todo lo oscuro y toda esa mierda -con qué necesidad pedazo de monstruo?- y yo que iba a verte un rato, y llevarte una campera seca
y todo se tiñó de rosa y era tan gracioso
entonces tu respiración se volvía mi piel
con tu sonrisa, mi aire, lo tibio del ambiente
la risa que volaba, y lo implícito atado al amor
mientras explotaba en miles de particular
y llenábamos la zona sur
cuando desaparecían las hojas del otro otoño
mientras nos pintábamos de mil colores entre el asfalto de Congreso
mordeme un ratito más, quedate toda la tarde eterna
lunes, 9 de mayo de 2011
Tres noches
Se subió el cuello del viejo traje, y le respondió la sonrisa con el cigarro prendido en la boca. La miraba, y a su sonrisa y a sus ojos. En otra trágica noche de la ciudad envenenada y gris el seguía preguntándose una y otra vez porqué era este su mundo, porqué era esta su realidad, porqué las luces amarillas y ella lo cegaban tanto.
Y que vivo para imaginar mi vida pero cómo si fuese una noche eterna entre los restos de la vieja y hermosa ciudad, por donde corre el veneno y la amargura, un hermoso suburbio cerca del río que apesta a muerte y putrefacción, y tu sonrisa que.. Volaba bajito para que nadie se percatara de que no tocaba el suelo, de que no sentía el frío de esa vieja noche, de que el corazón le bombeaba tan fuerte. Les llovieron los golpes, y ahí estaba ella con una boina amarilla y ahí estaba el con su viejo traje y el humo que los unía, y esos eternos 20 centímetros que los separaban, ese espacio horrible, ese humo amargo esa noche gris, ese olor a muerte, esa sensación tan horrible cómo es la indecisión, esa ternura que lo invadía y que le entraba por los ojos y que lo derretía por dentro. Pero ellos reían y hacían cómo si nada, compartían abrazos y sonrisas. Mientras llovían los golpes, y ese espacio que lo ocupaba a medías esa cruda y frágil creencia, esa figura ficticia. Y no paraba de llover y comenzaba a tocar el suelo muy despacio, y dejaba de flotar, y esa distancia que se hacía abismal y ese amor que crecía y se achicaba de golpe y su odio al pasado y su faceta más oscura, su ser invadido por el asqueroso veneno de la ciudad, la ira que crecía y sus miedos que lo atormentaban, las vacías construcciones que parecían venirsele encima, y el frío que los invadía y su sonrisa que se borraba y esa maldita figura que se agigantaba y los dejaba fríos y solos a los dos en esa triste y cruel noche. El pánico era todo. El pánico los consumió y quedaron fríos, y ese amor que latía se congeló, y esa figura censuraba la belleza y la alegría. La distancia pareció infinita. Entonces pensó entre todo ese pánico, pensó entre todo ese miedo, pensó mientras era aplastado por ese falso titán, pensó mientras el veneno le entraba por todos los poros y recordó que el no era eso, que el no podía no amar, después de todo, todos estamos echos para algo, es claro hay gente para todo.
Voló otra risa y otro abrazo, explotó toda esa basura que lo cubría, volvió a ver su sonrisa y la abrazó fuerte, y ella lo abrazó más fuerte aún. No se querían volver a separar nunca más, ni dejar esa calidez hermosa del amor en estado puro, no querían que volviera esa horrible distancia, con su horrible esencia de opresión negadora. Se unieron en un abrazo, y rieron y se despegaron un poquito del suelo. Y por un instante dejaron el todo en segundo plano, inflaron su burbuja y salieron del pequeñito mundo. Lo golpeó y lo despertó, rieron un rato, terminaron el pucho, fueron a comprar más tabaco. Olvidando esa distancia por un rato, se colgó de su brazo y se dejó caer sobre su hombro, la tenía con el, se tenían entre sí, y flotabamos juntitos, por lo menos hasta la esquina.
martes, 3 de mayo de 2011
Otra vez abro los ojos, los abro para que vuelvas a desaparecer. Cierro para verte, te miro y nos vemos cada vez más de cerca, muy cerquita, y chocamos respirando el mismo aire, pero me señalas a un costado y me das un golpe, entonces me doy cuenta de que vuelvo a estar solo. Por ultima vez te doy un ratito más en mis sueños, se hacía tarde. Vuelvo a enredar mi mano en tu pelo hundiéndola hasta lo más profundo y vos me clavas los dientes en el brazo y reímos, y yo te muerdo la boca y luchamos un rato, pero yo solo pienso en que es otoño, y que mis sentimientos están exiliados.
Casi sin pensarlo caminó por los restos de la devastada ciudad y esquivando el transito intentó abandonarla, guiándose por las formas del suelo queriendo escapar del sentido. Pero se olvidó que la vida es tirana, y que en la ciudad corre el veneno y esa esencia maldita que aconseja por el mal y vuelve oscura a la gente, olvidando que el hacía nacido distinto se dejó engañar. Buscó con la mano la vieja caja metálica, tan despintada que solo guardaba pequeñas partes resquebrajadas de el fondo verde y las letras blancas, y encontró cuatro cigarros armados. Maldiciendo para si mismo buscó en el otro bolsillo algún billete que lo sacase del apuro y le permita comprar más tabaco, no iba a aguantar todo el día y menos con todo lo que estaba por venir.
Entre los viejos escombros y las hojas secas de otoño que le llovían por doquier fumaba manteniendo un ritmo constante entre algunas pisadas, quebrando hojas color ocre o amarillentas. El mal gusto de boca iba creciendo y el seguía caminando cómo un autómata mientras el dolor aumentaba y el olor a muerte se apoderaba de su nariz tan afectada por el frío. Le comenzaban a doler las manos, y la cara, mientras que la suave y helada ventisca que lo golpeaba aumentaba su poder estrepitosamente, hasta convertirse en un pequeño huracán que lo intentaba detener pero no podía con su paso. No paraba de preguntarse por qué ella seguía en sus sueños, no podía entender cómo había llegado hasta ahí y no creía que se encontrara parado en ese campito que era de florcitas amarillas, y que ahora era tan rancio, que olía tan mal, que le dolía tanto.
Se sentó en el suelo y con ambas manos tomó su cabeza. Las lagrimas corrían congeladas y filosas por las mejillas. La volvía a odiar y volvía a odiar esa ciudad muerta, ese campo nefasto, esa existencia vacía con la que la gente parecía estar conforme, y con su necesidad de amar y enamorarse. Cómo iba a poder imaginarlo?
Se desmoronó, se desprendió se si. Fue entonces cuando vio como volvía con paso lento y ligero, se vio cómo se ven a las personas desde un balcón no muy alto. Se vio espantado, perdido y con miedo. Vio el sol que amanecía, asomando entre los viejos edificios del barrio de su infancia. Se vio y se sonrió, y sintió la felicidad de la seguridad, de el encontrarse bajo control nuevamente. Caminó una cuadra más y se encontró con su sonrisa, y una remera grande que la usaba de camisón, y unos guantes y unas orejeras. Le dio un abrazo, lo golpeó con fuerza, le dio un beso, le convidó un cigarro, lo volvió a golpear y olvidó ese horrible campo al que la déspota vida lo había llevado esta fría y otoñal madrugada tantos años más tarde, lo volvió a besar y volvió en si nuevamente.
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